Estela Barnes de Carlotto: Testimonio de una lucha universal

Por: Paula González Montalvo

Una historia trágica con un final feliz (y no por ello menos real) sirvió de trasfondo el 26 de marzo de 2015, día en que Estela Barnes de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, conmovió a su público en el Teatro de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. En un encuentro organizado por la Red de Esperanza y Solidaridad, Organización de Mujeres Estudiantes de Derecho, Inter-Mujeres y Movimiento Pro Justicia Social, Barnes de Carlotto compartió su lucha por una Argentina justa, no sin antes admitir, un poco a modo de disculpa, que su participación política tardó algo más de lo que debió. Y es que si bien nació en el año de la primera dictadura en Argentina (1930) y se crió con las dictaduras sucesivas de ese país, no fue hasta que uno de esos gobiernos persiguió a sus hijas que sin pensar en el miedo, los riesgos ni el tiempo, Barnes de Carlotto pasó de ser una mujer que “se quedaba tranquila en su casa” a una activista política y social. Desde ese momento ya no miró lo que pasaba de costado, ya no fue indiferente, sino que se dedicó a aprender de la participación política de sus hijas (Claudia y Laura) y a entregarse a la lucha contra las actuaciones de la dictadura militar.

Y fue así que, sin discurso escrito, Barnes de Carlotto nos llevó a imaginar lo ocurrido durante la última dictadura militar en Argentina, un trágico periodo que comenzó en las primeras horas del 24 de marzo de 1976 y se extendió hasta el año 1983 con la elección de Raúl Alfonsín. Liderada por el general Jorge Videla, esta dictadura percibió a la sociedad argentina como un territorio enemigo cuya población era por definición subversiva. Con esto en mente, se dedicó a perfeccionar un aparato represivo para “erradicar el terrorismo” y aniquilar el peligro que, a su entender, esa masa de ciudadanos representaba para el futuro de la nación. Entre las víctimas de este régimen se encontraron particularmente jóvenes de entre veinte a treinta años, estudiantes, miembros de la clase obrera, abogados y profesores. Se estima que el setenta por ciento de las víctimas fueron hombres y un tres por ciento mujeres embarazadas. La mayoría de ellas terminaron en uno de los cientos de campos de concentración o centros clandestinos de detención que habilitó la dictadura a través de todo el país. Allí un gran número de personas pasaron a ser torturadas y asesinadas. Asimismo, los funcionarios de la dictadura secuestraron a los bebés de las prisioneras embarazadas para luego utilizarlos como botín de guerra y entregarlos a familias aliadas a la Junta Militar. A este conjunto de víctimas se le conoció como “desaparecidos”, un término nuevo para referirse a las decenas de miles de personas a quienes se las “había tragado la tierra”.

Sin más, los auto-proclamados “salvadores de la patria” negaron categóricamente la violación sistemática de derechos humanos y contestaron los recursos de habeas corpus repitiendo la frase: “No se encuentra detenido, se desconoce su paradero”. Este escenario abrió una brecha profunda entre el Estado y la sociedad civil argentina, un espacio importante que impulsó los esfuerzos de una serie de organizaciones de derechos humanos. Entre estas, se encontraron dos grandes instituciones mediadoras, las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo. Estas dos agrupaciones compuestas de mujeres, sujetos políticos y símbolos de resistencia a la dictadura militar, desafiaron la prohibición del derecho a la libre asociación promulgada por el régimen y capitalizaron en su propia subordinación dentro de la sociedad argentina. De esta manera, fueron sacándole partido a su invisibilidad política y a su distanciamiento del tradicional perfil del subversivo. Esto les permitió organizarse para actuar sin temor por su propia seguridad, transformar su realidad privada en un acto público y político, y así oponerse a la aquiescencia ante la pérdida de sus hijos y nietos.[1]

Barnes de Carlotto se unió a las Abuelas de la Plaza de Mayo poco después de que su hija Laura, quien se encontraba embarazada, fuera secuestrada, detenida ilegalmente y asesinada el 25 de agosto de 1978. Cuando le entregaron el cuerpo de Laura mas no al hijo que esperaba, Barnes de Carlotto no sabía que en efecto este había sido arrebatado como parte del plan de secuestro sistemático de bebés implementado por la Junta Militar— un proyecto al que describió como “siniestro, endémico de Argentina,” que buscó impedir que esos niños se criaran bajo la ideología opositora de sus padres y se reencontraran con sus familiares. Sin embargo, con convicción inquebrantable, Barnes de Carlotto comenzó a buscar y exigir la aparición de su nieto. Golpeó puertas para hablar con políticos importantes, visitó a jerarcas de la Iglesia Católica, comunidades de base y hasta militares de alta gradación. Asimismo, hizo la ronda frente a la Casa Rosada y gastó las baldosas de la Plaza de Mayo, adornando su cabello con un pañuelo blanco y cargando en sus manos una foto de Laura. Barnes de Carlotto buscó a su nieto durante 36 años, hasta que el 5 de agosto de 2014, un músico descubrió que no era Ignacio Hurban (nombre registrado en su DNI), sino Ignacio Guido Montoya Carlotto, el nieto de una de las mujeres más reconocidas en materia de derechos humanos en su país.[2] Ahí comenzó un nuevo proceso para Barnes de Carlotto: conocer a su nieto, construir una relación juntos y darle los abrazos que dijo guardó durante el tiempo que lo buscó.

Hoy, la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo se enorgullece del trabajo realizado y del hecho de que no se irá de este mundo sin haber contribuido a la justicia social.[3] Hoy también celebra 31 años de democracia en la Argentina (la democracia más larga en su historia) y se alegra de vivir en un país que utilizó sus tribunales ordinarios y su propio sistema de justicia para revertir años de impunidad, derogar leyes de amnistía y reparar a las víctimas de la última dictadura militar. Su hija Laura ya no está, pero Barnes de Carlotto siente que la acompaña, que la tiene y que ahora que encontró a su nieto, la tiene aun más. El pasado mes de agosto, un abrazo público marcó el final de la búsqueda de su nieto. Ese abrazo tan argentino como universal, renovó consigo el movimiento contra el olvido y devolvió al mundo la esperanza en la lucha por la memoria, la justicia y la verdad. ¡Nunca más!

via Ministerio de Cultura de la Nación Argentina Estela de Carlotto da una rueda de prensa en el marco de la 28 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

via Ministerio de Cultura de la Nación Argentina
Estela Barnes de Carlotto da una rueda de prensa en el marco de la 28 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Foto por: Beatrice Murch

[1] Véase Marysa Navarro, “The Personal is Political: Las Madres de la Plaza de Mayo” en Susan Eckstein, ed., Power and Popular Protest (Berkeley: University of California Press, 1989), para más información sobre el papel de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo dentro de la sociedad argentina.

[2] Ignacio fue criado en el municipio bonarense de Olavarría, en el seno de una familia de campo. Barnes de Carlotto aseguró que “a [su] nieto lo crió gente buena”, punto interesante para contraponer con la teoría de la banalidad del mal de la gran pensadora del siglo XX, Hannah Arendt. Véase Hannah arendt, Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil (1963).

[3] Gracias al trabajo de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo se ha logrado recuperar la identidad de 116 niños desaparecidos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s