Los Casos Insulares, la vigencia de Selma y la invasión extraterrestre en Estados Unidos de América

Por: Adriana N. Huertas Ortiz

 

Primer acto, sube el telón: tarareando “Glory”, el Señor Miles pisa fuerte y decidido en la costa del nuevo territorio. Detrás de él marchan Brooke, Henry y Davis. Cada uno trae en su bolso una combinación de letras peculiar, una virgen y varios santos menos, y a un tío adorado que muchos llaman Sam. El año es 1898, y estos pasos marcan el inicio de la ocupación estadounidense en el territorio puertorriqueño. Los varones militantes, futuros gobernadores de esta Islavan cantando que Selma es aquí y que Selma es ahora, cuando Miles abruptamente se detiene y deja caer su bolso. “What the hell is wrong with…” comienza a gritar Davis cuando sus ojos se topan con la imagen antropomórfica que ha detenido el andar del Señor Miles. Delante de los ojos de estos hombres se materializa, lo que en simples palabras podemos denominar, un caballero. ¡Pero qué caballero más raro! No tenía zapatos, estaba mascando unas raíces muy pálidas, el trapo que tenía sobre sus hombros estaba manchado con un tinte marrón oscuro y de su mano salía conectada otra figura menor, con un abultamiento desconcertante en el centro de su masa corporal. El segundo cuerpecito estaba rascándose el abultamiento, mientras miraba a los varones militares con intensa curiosidad. “Hello, buddy, how are you?” susurra Brooke mientras extiende su mano al cuerpecito más pequeño que ahora estaba rascándose el pelo. Con un halón intenso, Henry retira la mano de Brooke gritando “What are you doing! He could be sick, do not touch him!” Brooke lo mira incrédulamente, y procede a sacar un bombón de su bolso. Estira su mano hacia el cuerpecito, que sonríe, suelta la mano que tenía firmemente agarrada y toma el bombón. “See, he’s not an alien, just a kid. A normal, hungry, kid.” Baja el telón.

Segundo acto, sube el telón: Con un cuadro de pobreza, necesidad y gentileza, se toparon los estadounidenses al llegar a Puerto Rico. Sin embargo, es necesario señalar que estos factores no anulan el hecho de que en Puerto Rico ya existía una nacionalidad cimentada, propia, cultural y social…existían los puertorriqueños. Los criollos, como eran conocidos por los españoles, se habían entremezclado entre sí al nivel de que ya se habían disipado las diferencias raciales y culturales que podían dividirlos. Además, entre los puertorriqueños ya existían partidos políticos militantes, que tenían como objetivo la autodeterminación de Puerto Rico. Es necesario recordar que un año antes de la ocupación estadounidense, en Puerto Rico se concertó la Carta Autonómica, en la cual el gobierno español le autorizó a los puertorriqueños la formación de un gobierno de carácter autónomo.

Consecuentemente, aunque pobres y hambrientos, los puertorriqueños ya habían luchado por un cierto grado de libertad y era improbable que lo fueran a ceder. Estas presiones políticas provocaron una serie de decisiones que arrojaron luz a la relación de Estados Unidos de América con sus territorios. Entran en escena los Casos Insulares. Los Casos Insulares fueron una serie de decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre los territorios adquiridos luego de la Guerra Hispanoamericana. Entre estos, vale señalar la famosa opinión de Downes v. Bidwell (182 U.S. 244) del 1901. Se señaló, muy explícitamente, que los habitantes de los territorios adquiridos eran razas–traduciéndolo literal del inglés al español–alienígenas, y que estas razas diferían de las costumbres y manera de pensar de los estadounidenses. Entonces, ¿qué significaba esto para los habitantes de Puerto Rico? Significaba cero ciudadanía estadounidense, aunque sí el reconocimiento de una ciudadanía puertorriqueña, whatever that’s worth. De hecho, el caso de Downes v. Bidwell reitera la norma impuesta en la Primera Ley Orgánica del 1900, conocida como la Ley Foraker. Como seres infatigables y persistentes, los puertorriqueños no estuvieron satisfechos con esta determinación.

En el 1917 el gobierno estadounidense establece la Segunda Carta Orgánica, el Acta Jones. El Acta Jones le concede a los puertorriqueños la ciudadanía estadounidense. Esto levanta un nuevo cuestionamiento entre el pueblo: “Si somos ciudadanos estadounidenses, ¿entonces tenemos los mismos derechos y privilegios que los demás ciudadanos estadounidenses en los territorios incorporados?” Entra en escena Balzac v. Porto Rico (258 U.S. 298 (1922)). En este caso el Tribunal Supremo de Estados Unidos le clarificó a todos los ciudadanos estadounidenses de los territorios no incorporados, que aunque Puerto Rico pertenecía a Estados Unidos, no era parte de. Por lo tanto, algunas disposiciones de la Constitución de Estados Unidos no le aplicaban a los habitantes de Puerto Rico. Es fácil deducir que eran otros tiempos, que la sociedad no había evolucionado lo suficiente como para dejar los prejuicios raciales y los elementos diferenciales a un lado, respetando de manera uniforme los derechos de todo ciudadano estadounidense. No obstante, no se podría estar más lejos de la verdad. Tan pronto como en el 2008, en pleno Siglo XXI, el Tribunal Supremo de Estados Unidos en Boumediene v. Bush (553 U.S. 723) reiteró la norma de Balzac, repitiendo que la Constitución de Estados Unidos aplicaba por completo a los territorios incorporados, y en parte a los no incorporados.

Tercer acto, sube el telón: El 7 de marzo de 2015 se conmemoraron los 50 años de la primera marcha por los derechos civiles de los afroamericanos en Selma, Alabama. Esta conmemoración ha hecho reflexionar y concluir que en efecto “Selma is here. Selma is now.” Dejando ideologías políticas a un lado, mirando la situación política puertorriqueña con un daltonismo grave, no queda duda que los derechos políticos de millones de ciudadanos estadounidenses son violados sistemáticamente todos los días. Esta situación no se circunscribe a cada cuatro años para elecciones presidenciales, o cada dos para elecciones legislativas, se extiende a toda decisión política en la cual los puertorriqueños, así como muchos otros de ciudadanos habitando territorios estadounidenses no incorporados, son inhabilitados de participar. Independientemente del futuro político de los territorios, la materia prima que los compone, la gente, está siendo privada de garantías políticas básicas. Peor aún, se podría argumentar que se está violando el ejercicio pleno de su derecho a la libre determinación de los pueblos. Esto sucede en efecto cuando no son puestos en condiciones igualitarias a las demás personas que poseen su mismo estatus legal. Es imposible ser un ser político pleno desde una situación de desigualdad.

El temor expresado en los Casos Insulares estaba cimentado en las diferencias raciales, culturales y sociales de los habitantes de los territorios no incorporados y los habitantes de Estados Unidos. Sin embargo, cuando hablamos de estos territorios hoy día, hablamos de veteranos, hablamos de políticos, de jueces, de maestros, abogados, científicos, ingenieros, agricultores; hablamos de hombres y mujeres que han construido sus hogares como ciudadanos estadounidenses. Tan solo en Guam se estima que 1 de cada 8 personas es veterana de guerra de Estados Unidos. La Samoa Americana, que es el único territorio de Estados Unidos cuyos habitantes no son ciudadanos estadounidenses, tiene la estación de reclutamiento militar más activa para las fuerzas armadas de Estados Unidos. No olvidemos a Puerto Rico, quién tiene en una de las sillas del Tribunal Supremo de Estados Unidos a una de sus hijas.

Los territorios pertenecientes a Estados Unidos están habitados por millones de personas que se identifican como ciudadanas estadounidenses, por personas que han arriesgado sus vidas por el Tío Sam, por personas que han vivido demasiado tiempo en un limbo político que ningún individuo merece. Así como los tiempos evolucionan, es necesario que el derecho evolucione. Downes v. Bidwell, la misma opinión que se propuso marcar la diferencia entre los habitantes de los territorios no incorporados y los ciudadanos estadounidenses, reconoció que estas medidas eran temporales. Bueno, a menos que utilicemos la teoría de la relatividad para justificar que estos 114 años han sido un periodo temporal, es necesario concluir que el tiempo se ha agotado. Baja el telón.

 

Caricatura por: Louis Dalrymple (1866-1905)

 

Referencias:

Downes v. Bidwell, 182 U.S. 244 (1901)

Balzac v. Porto Rico, 258 U.S. 298 (1922)

Boumediene v. Bush, 553 U.S. 723 (2008)

Ley Orgánica Foraker del 12 de Abril de 1900, Cap. 191, 31 Stat.77, (1 L.P.R.A. Documentos Históricos)

Acta Jones, Carta Orgánica de 1917 de Puerto Rico, Capítulo 145, 39 Stat. 951, (1 L.P.R.A. Documentos Históricos)

John Oliver, Last Week Tonight with John Oliver: U.S. Territories, YOUTUBE.COM. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=CesHr99ezWE

John Legend and Common, Glory, YOUTUBE.COM. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=HUZOKvYcx_o

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