El Cielo Se Está Cayendo: Precisiones teóricas y una reflexión crítica sobre Every Nation for Itself de Ian Bremmer

Por: José Garriga Picó

 

En su obra Every Nation for Itself: Winners and Losers in the G-Zero World, Ian Bremmer intenta traer a nuestra atención –especialmente a las élites políticas y económicas de Estados Unidos de América (EEUU) y China— su percepción sobre la volatilidad de los eventos políticos, militares y económicos alrededor del globo y en todas sus regiones en esta época en que vivimos. Traza el origen de esta volatilidad a que EEUU va perdiendo su hegemonía global y nos previene que “this volatility also reminds us that uncertainty is the order of the day”.[1] Por tal razón, nos conmina a que hagamos lo necesario para evitar que evolucionemos hacia la anarquía global que describe en el capítulo final.

Para recobrar el orden, es necesario que resurja un país hegemónico (o una alianza de países) que desempeñe ese rol en el sistema internacional. Bremmer arguye que lograr ese nuevo hegemón no es tarea fácil debido al crecimiento económico y tecnológico de los países alrededor del globo. Debido a sus condiciones y limitaciones internas, ni Estados Unidos ni China, así como ningún otro país o alianza de otros países, podrá emerger como el nuevo hegemón del sistema internacional. Por lo que, para estabilizar el sistema, será necesario formar alguna alianza que contenga, por lo menos, a Estados Unidos de América y a China.[2]

En el mejor de los casos, según el análisis de Bremmer, tal alianza estaría compuesta por Estados Unidos y China —a lo que el autor denomina G2— alianza que a todas luces promueve en este libro. En otro escenario menos estable y menos preferible por el autor, Estados Unidos y China comparten ese rol con otros países económicamente poderosos —el escenario G20.[3] Estos dos posibles escenarios en que ambos países cooperan, son los únicos que Bremmer entiende que serían estables y beneficiosos. Los otros tres escenarios, en contraste, no prevén la cooperación como elemento del orden interestatal. Estos son: (1) una nueva Guerra Fría en un globo dividido entre China y Estados Unidos; (2) un mundo en ebullición, balcanizado, constituido en regiones hostiles que ninguno de los dos sea capaz de controlar; y (3) finalmente, un mundo sub-cero o anárquico, en el que las regiones e incluso los Estados se hacen y se desvanecen, creándose una situación no de sociedad sin clases —como predijo Marx— sino de lucha de todos contra todos, reminiscente del estado de naturaleza hobbesiano. 

El excepcionalismo americano y el miedo que genera

Bremmer es parte de una larga lista de analistas y autores que perciben y proclaman que pudiera estar acercándose el fin del “siglo americano” (the American Century) y que, quiéranlo o no, se proyectan profundamente preocupados y ansiosos ante tal posibilidad. Aunque lo niegue en la primera parte del libro, Bremer se une a los muchos profetas del desastre (prophets of doom) que recurrentemente atisban el desenlace del poderío americano. Por eso, la pregunta central sobre la que deseo indagar en esta reflexión es: ¿cuáles y cuán reales son las fuentes de la ansiedad inmanente en el libro de Bremmer?[4]

Es claro que más allá de su análisis de los datos, Bremmer está marcadamente atado al concepto del “excepcionalismo americano”.[5] Por esa necesidad de salvar el mundo de las ideologías falsas, las instituciones corruptas y los dictadores malvados, Estados Unidos de América está destinado a ser la potencia dominante en el mundo. Pensar que pasará a un segundo plano en el tinglado internacional, o que tan siquiera vaya a tener que compartir al mismo nivel con otras potencias, parece producir un fuerte malestar y gran ansiedad en autores como Bremmer.

La ansiedad se complica al pensar que pudiera ser sustituido en ese rol por China, una dictadura gerontocrática tradicional (proyección del emperador de antaño) disfrazada de gobierno comunista revolucionario sin respeto por la democracia o los derechos humanos. Además de un peligro, sería humillación histórica cederle la primacía mundial a este régimen.[6] Siendo justo con el autor, es necesario apuntar que la realidad es que viendo la manera en que el liderato chino ha tratado su propia población, la filosofía totalitaria de sus clases dominantes y la tradicional concepción china de su superioridad global, es muy cuestionable que sustituir la hegemonía americana por la china sería para nuestro beneficio.

La Teoría de la Estabilidad Hegemónica (TEH)

La ansiedad de Bremmer tiene más base teórica que empírica. De hecho, la fuente de la ansiedad es de su propia creación: el monstruo conceptual llamado el “G-Cero”.[7] Aunque Bremmer no lo reconoce, su análisis se fundamenta teóricamente en la Teoría de la Estabilidad Hegemónica (TEH). Esta teoría, derivada de la interacción conceptual e investigativa reciente de los enfoques neoliberal y neorrealista a las Relaciones Internacionales, indica que el sistema internacional es más proclive a mantenerse estable, evitar conflictos, y promover el comercio y el bienestar cuando hay una potencia mundial que domina sobres las demás naciones.[8] Este dominio se da a través de la diplomacia, la coacción o la persuasión. Por esos medios, el hegemón mantiene la capacidad de hacer e imponer las reglas e instituciones fundamentales que rigen las relaciones políticas y económicas internacionales.

Este poder, sin embargo, tiene su precio. De acuerdo al “Análisis de Acción Colectiva” (Collective Action Analysis) que subyace la TEH, el hegemón llega a ocupar esa posición y a retenerla porque tiene los recursos para, y está dispuesto a, brindar los bienes colectivos necesarios para la convivencia.[9] En su época hegemónica, Estados Unidos tenía los recursos (sin reducir su capacidad de consumo significativamente) para cubrir los gastos de entidades como la Organización de las Naciones Unidas y otras de seguridad colectiva (e.g. Organización del Tratado del Atlántico del Norte, Organización de Estados Americanos, North American Aerospace Defense Command). Además, tenía recursos suficientes para apuntalar con reservas el sistema monetario y financiero mundial (e.g. Bretton Woods, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) y subvencionar las organizaciones transnacionales de reglamentación de las comunicaciones (e.g. Unión Internacional de Telecomunicaciones), la transportación (e.g. Asociación Internacional de Transporte Aéreo), la salud (e.g. Organización Mundial de Salud) y la energía nuclear (e.g. Organismo Internacional de Energía Atómica). Europa y Japón, por ejemplo, por décadas han “cogido pon” (free riders)[10] de la seguridad provista por las Fuerzas Armada de los Estados Unidos de América, y que ha sido costeada por el pueblo estadounidense. Esta seguridad les ha protegido contra amenazas de la Unión Soviética, China y cualquier otro país de Europa o Asia.

El problema es que cada día esta arquitectura normativa internacional, diseñada en otra época para los problemas de entonces, va tornándose incapaz de resolver los problemas contemporáneos. Estas organizaciones, a su vez, son cuestionadas y rechazadas como intervencionistas por un mayor número de potencias menores, por lo que se reduce su relevancia y utilidad tanto para el hegemón como para los otros países.[11] Como consecuencia, el gobierno y el pueblo estadounidense, cuya porción de la producción global es cada día menor mientras su deuda nacional per cápita en dólares constantes es cada día mayor, se va tornando más reticente a contribuir de forma desproporcionada para pagar por los bienes y servicios colectivos que antes cubría generosamente. Al otro lado, los países que antes se veían beneficiados de la “generosidad” del hegemón tampoco tienen los recursos ni la voluntad para proveer los bienes colectivos necesarios en el sistema internacional. El resultado es un mundo en que ningún país o grupo de países puede o quiere proveer los bienes colectivos que todos necesitan (seguridad, respeto a la ley internacional, protección ambiental, sistema monetario estable, ayuda en caso de desastres naturales, etc.). Este argumento es la explicación teórica del G-Cero.

Bremmer, sin embargo, no reconoce que la literatura que estudia el problema de la acción colectiva ha producido posibles soluciones al problema de los llamados free riders,[12] es decir, los que viajan sin pagar por su boleto. Ejemplos ilustrativos de estas propuestas lo son la institucionalización (la Unión Europea), la privatización parcial de los bienes colectivos (por ejemplo, pagar por las latas de aluminio usadas, estas siendo un bien privado, para lograr limpiar el ambiente, lo cual es un bien colectivo), los mecanismos de exclusión (por ejemplo las sanciones económicas) y la creación de estructuras federadas (la regionalización integrada al tope).[13] Estas estrategias y otras que se han propuesto tienen sus virtudes y defectos, pero sin duda, quienes formulen la política exterior americana están bien conscientes de esas y otras posibles soluciones al problema de la acción colectiva, es decir, el G-Cero.

Las noticias de la muerte de la hegemonía americana han sido grandemente exageradas[14]

Poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial y de emerger Estados Unidos de América como hegemón, comienzan a circular las teorías de su inminente pérdida de tal estatus. El primer candidato a suplantarlo fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el gran contrincante en la carrera nuclear y espacial de la Guerra Fría. El fin de la Segunda Guerra Mundial había representado la ampliación del ámbito de control de la URSS sobre gran parte de Europa, toda Eurasia y todo el norte y el centro de Asia. En el 1949, triunfan los comunistas en China y la nueva República Popular China se convierte en un aliado de la URSS, poniendo a la mitad de la población mundial en regímenes dominados por el comunismo y con políticas hostiles contra Estados Unidos.[15]

En noviembre de 1956, el ascenso en poderío de la URSS era tal que Nikita Kruschev, en un evento diplomático en la embajada polaca en Moscú, amenazó a los representantes de los países occidentales con estas famosas palabras: “About the capitalist states, it doesn’t depend on you whether or not we exist. If you don’t like us, don’t accept our invitations, and don’t invite us to come to see you. Whether you like it or not, history is on our side. We will bury you![16]

La historia de la Guerra Fría después de esa amenaza, que consignaban fielmente la ortodoxia de la ideología marxista, es larga y no viene aquí al caso excepto para recordar que fue la propia URSS la que, el 8 de diciembre de 1991, enterró al régimen comunista.[17]

A finales de los años 60 y principio de los 90 surge una nueva amenaza a la hegemonía americana en la forma de los movimientos de liberación nacional y sus guerras por la independencia o reunificación de los territorios anteriormente colonizados. El Movimiento de Países No Alineados (MPNA) fue creado en Belgrado en 1961 por el primer ministro Nerhu de la India, junto a los presidentes Sukarno de Indonesia, Nasser de Egipto y Tito de Yugoslavia.[18] En un discurso durante el cierre de la Declaración de la Habana en 1979, Fidel Castro incluyó claramente entre los propósitos de la organización la lucha contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el racismo y todas las formas de agresión extranjera, ocupación, dominación, interferencia o hegemonía, así como contra las grandes potencias y sus políticas de bloque.[19] Hoy, concluida la descolonización de todas las colonias del mundo menos una,[20] y acabada la Guerra Fría, el MPNA aun existe, pero no es un movimiento relevante en el tinglado internacional.

Durante los años 70 surge concomitantemente con las amenazas ya mencionadas a la hegemonía de EEUU una mucho más peligrosa, pues en vez de atacar el capitalismo que servía de base al poder estadounidense, lo utilizaba para tratar de llevarlo a la bancarrota. Mediante una política coordinada de manipulación de la oferta de petróleo disponible, los países exportadores de petróleo —algunos de ellos unidos en la OPEP— lograron que se disparara el precio del petróleo, y obligaron a EEUU y Europa a pagarlo a un precio elevado. El efecto acumulativo fue la transferencia más grande de capital que se había dado en la historia, fluyendo de los países desarrollados hacia los países productores de petróleo. Eso produce la llamada “stagflation” (“estanca-flación”, es decir, estancamiento económico con inflación de los precios) que parecía llevar al régimen estadounidense a la bancarrota de la misma manera que Vietnam lo había llevado a la derrota militar.[21] Muchos proclamaron el fin de Estados Unidos de América como potencia mundial.

Sin embargo, al fin y al cabo, no llegó a derrumbarse la hegemonía estadounidense. Los petrodólares regresaron a los bancos europeos y estadounidenses dónde estaban más seguros. Europa, y en especial EEUU, revitalizaron sus economías, y en los ochenta y noventa la Unión Americana logró un crecimiento económico vigoroso, consolidándose como la principal economía del globo.

Mientras eso ocurría, sin embargo, Japón enfocó su poder industrial en el desarrollo de una economía orientada a la exportación de productos inicialmente copiados de los occidentales, pero llevados a sobrepasar en excelencia y calidad a sus modelos. Se desarrolló hasta convertirse en el principal país exportador y la segunda economía del mundo. Los americanos y ejecutivos de todo el globo viajaban en hordas a Japón a aprender el secreto de su éxito industrial y a aprender japonés por si ese llegaba a ser el idioma dominante del globo. La economía de Japón parecía que sobrepasaría la estadounidense en cualquier momento, pero al final ese no fue el caso. El envejecimiento de la población japonesa, las restricciones a la inmigración, el costo del petróleo (del cual Japón no tiene reservas), y las cambiantes relaciones sociales en su interior llevaron a que su economía se estancara a partir de la recesión global de 1991. La reciente explosión de tres reactores como resultado de un tsunami causó consternación global por la devastación que produjo, y también fue un duro golpe a su economía. El bottom line es reflejado en un reportaje reciente de Bloomberg View: “Japans trade balance is about to go negative for the first time since 1980. Land values and Nikkei stock values have fallen to about 30 percent of 1989 levels.[22]

En fin, Japón ya no es una amenaza a la preeminencia económica de EEUU, de la cual en gran parte depende. Militarmente, Japón todavía depende de los Estados Unidos de América y no tiene motivación alguna de proyectarse como una potencia. Eso la ha convertido en un peón político, sobre todo, a partir del surgimiento de China como superpotencia mundial, como indica Bremmer.[23] Actualmente, podemos ver como antiguos conflictos territoriales de finales de la Segunda Guerra Mundial, entre Japón, Corea y China, vuelven a crear tensiones militares en el Mar de China.[24]

Cuando Japón entra en recesión a principios de los años noventa, la Unión Europea se alza como potencia económica que en el agregado llega a tener un GNP superior al de Estados Unidos de América. La Unión Europea, sin embargo, no se ve como un adversario de EEUU, sino más bien como un aliado con economías en su mayoría integradas, porque el bienestar o malestar de estas se contagian mutuamente. Así, la crisis de las instituciones financieras de Estados Unidos, la cual explotó en el 2008, en vez de convertirse en la oportunidad para que Europa controle la economía estadounidense, Europa y la Unión (entiéndase, mayormente a Alemania) se dedicaron a salvar (bailout) y poner en orden las finanzas de varios países, entre ellos Grecia, Italia, Portugal y España.[25] Aunque algunos de estos países parecen estar ya en vías de recuperación, la crisis fue muy profunda y las medidas para capearla muy dolorosas. El resentimiento de socio a socio ha sido profundo, y se demostró que lejos de ser una unidad económica integrada, Europa tiene un largo trecho que recorrer para alcanzar una economía común y asegurar la estabilidad de la eurozona. El conflicto político, en fin, causó en toda la Unión actitudes hostiles tanto de los países en crisis como los países salvados, demostrando que la unión política, sin hablar de la militar, le falta aún para poder proyectarse como la potencia hegemónica del globo, si no es que la Unión Europea no se escinde antes. De hecho, Bremmer en su análisis ni considera la posibilidad de que surja una hegemonía de Europa al final de la G-Cero.[26]

La potencia que Bremmer reconoce como capaz de aspirar a la hegemonía global es China, y esto por cuatro razones. Primero, por haber desplazado a Japón como la segunda economía del globo en términos de Producto Nacional Bruto (PNI). Bremmer además predice que será la primera antes del fin de la década, sobrepasando a EEUU, por ser la mayor exportadora de bienes industriales y de capital del mundo. Segundo, China está en vías de desarrollar sus fuerzas militares de manera que le permitirá proyectarse pronto globalmente, cosa que pocas potencias aparte de EEUU pueden hacer cómodamente. Tercero, por tener una tradición milenaria de ser el Reino del Medio, o centro del mundo. Por último, por ir desarrollando cuadros políticos para asumir un liderato global.[27] Es decir, ¡aprenda mandarín! es la orden del día entre aquellos que miran al futuro de sistema internacional. Sin embargo, el mismo Bremmer reconoce que China tiene grandes obstáculos y problemas que resolver antes de poder aspirar a ser el país hegemónico global.[28] Necesita urgentemente desarrollar una política económica que oriente una parte sustancial de los bienes que hoy exporta al consumo interno, antes de que se levante el pueblo en protesta por las necesidades básicas que carece, mientras el gobierno se apropia de la plusvalía. China también necesita darle el valor correcto a su moneda antes de que los países que comercian con ella le cierren sus mercados por competencia desleal; aún así el yuan está lejos de poder sustituir al dólar como moneda global. Necesita cambiar su industria hacia una respetuosa del medioambiente para así limpiar el desastre ambiental que ha creado en su propio país y sus alrededores. Necesita fomentar una educación basada en el principio democrático de la libertad para la creación, pero tal cosa choca con su filosofía política. Necesita brindarle libertades y participación política a sus ciudadanos para hacerlos capaces de participar de igual a igual en el plano internacional. Todavía hay más reformas urgentes, pero basta con las ya expresadas. No obstante, como nos recuerda Bremmer: “China is the major power least likely to develop along a predictable path.[29]

En conclusión, el futuro no está escrito sino por escribirse, o en palabras de Antonio Machado “[c]aminante no hay camino, se hace camino al andar”[30].

El fénix americano

En todos y cada uno de los casos expuestos, incluyendo los relacionados a China que aún está desenvolviéndose, Estados Unidos de América ha logrado retener su liderato mundial y consolidar su hegemonía o, por lo menos, su preeminencia y seguridad. La supuesta amenaza de las economías comunistas resultó totalmente infundada y con el tiempo las economías de comando demostraron ser completamente ineficientes. Por ejemplo, la amenaza nuclear de Rusia quedó bloqueada desde la crisis de los misiles cubanos en 1962 por la política del MAD (Mutual Assured Destruction).[31] Asimismo, la crisis del petróleo despertó en Estados Unidos la necesidad de la conservación y de las fuentes alternas de energía renovables. Hoy es el principal productor de petróleo mundial al desplazar a Arabia Saudita.[32] Por otro lado, Rusia en el 2014 tuvo aún más gas natural que petróleo, y está utilizando toda su capacidad científica y técnica para desarrollar fuentes de energía renovables.[33] Aunque Estados Unidos no goza de total satisfacción energética, la situación de estos recursos no es tal que constituya al presente una amenaza a la seguridad nacional. Japón sigue atollado en sus propios problemas, y continúa aliado y dependiente de los americanos. La Unión Europa no es un país, sino una zona o acuerdo regional en donde sus países más poderosos mantienen sus economías y su seguridad atadas a Estados Unidos.

Un fantasma recorre el sistema internacional, el fantasma de la multipolaridad

A pesar de los problemas señalados por Bremmer, un balance de la historia y la correlación de fuerzas actual demuestra que Estados Unidos de América no está a punto de ser abatido y barrido al basurero de la historia (dustbin of history).[34] Por un lado, la economía y la sociedad estadounidense, si atiende a los consejos de conservadurismo fiscal y liberalismo social que le recomienda Bremmer, puede desarrollarse desde adentro, pues tiene unos mercados internos poderosos que le pueden motorizar un gran crecimiento. Aún así, nadie duda que Estados Unidos de América no se aislará, sino que seguirá siendo la principal potencia de exportación en áreas estratégicamente importantes como la ciencia y tecnología, la exploración espacial, las comunicaciones y los armamentos inteligentes y a control remoto.

Finalmente, la deuda exterior estadounidense con China pone a este último en la situación de tener que velar por el bienestar de la economía americana y la solidez del dólar, si es que tiene esperanza de recibir pagos. Por otro lado, el hard power de las fuerzas armadas estadounidenses capaz de mantener el balance regional, junto al soft power de sus industrias de educación superior, prensa investigativa, el cine y la música difícilmente puedan sustituirse en un futuro cercano por las de otras naciones, salvo que ocurra una improbable hecatombe global.

Es en la capacidad para ver el cuadro completo en lo que fallaron empíricamente las teorías anteriores del fin de la hegemonía americana y en lo que falla Bremmer. Sin explicarnos el porqué, el autor expresa su confianza en que Estados Unidos prevalecerá. Bremmer diagnostica, con razón para ello, una debilidad en la proyección internacional americana, pero su análisis no es de suficiente profundidad en el tema político. No toma en cuenta, por ejemplo, que la percepción del declive de la política exterior de Estados Unidos definitivamente se ha visto afectada por una sucesión de presidentes débiles (Clinton) y poco competentes o efectivos, (Bush, hijo, y Obama) en la conducción de la política exterior. Estos tres estaban lejos de tener el empuje e impacto internacional de Roosevelt, Nixon, Reagan o Bush, padre. La diferencia es notable.

Sin embargo, su omisión más grande es no traer a la discusión el impacto del cambio en la naturaleza del sistema internacional en que Estados Unidos de América y sus presidentes han de desempeñarse. Desde la caída de la Unión Soviética, teóricos de la corriente realista de las relaciones internacionales, tales como Henry Kissinger, han llamado la atención al hecho de que el sistema internacional necesariamente se movería hacia una etapa de multipolaridad parecida a la que dominó el sistema en el siglo XIX, con extensas consecuencias políticas, económicas y estratégicas. [35]

En la multipolaridad, el estilo de la nación dominante tiene que ser diferente al que se necesitó en las épocas de la bipolaridad y la unipolaridad.[36] En épocas como esta, a falta de una relación hegemónica, lo que sufre no es el poderío militar y económico del país dominante, sino su capacidad de crear instituciones internacionales funcionales, de crear derecho internacional y tribunales internacionales, de operar efectivamente mecanismos de defensa colectiva, al igual que otras formas de cooperación colectiva. Pasamos de un mundo que se rige mayormente por los conceptos del liberalismo político a uno donde manda la balanza de poder o, más bien, la interacción estratégica en la formación de coaliciones.[37] Dentro de este nuevo ambiente el rol de Estados Unidos de América debe pasar a ser el del balanceador,[38] de la misma manera en que Inglaterra operó en el siglo XIX.[39]

Conclusión

Todo lo desconocido produce miedo. Estados Unidos de América, comparado con los países europeos, desconoce de la multipolaridad. Solo fue parte de la realpolitik que esta generó en Europa durante la primera mitad del siglo XX y esto le costó la participación en las dos guerras más grandes y cruentas de la historia. La posibilidad de la multipolaridad levanta ese fantasma en Estados Unidos. Sin embargo, debe dejar atrás ese miedo y desarrollar la capacidad para desempeñarse efectivamente en su nuevo rol. No tengo duda que, aunque le tome tiempo lo logrará, pues, como dijo Winston Churchill: “You can always count on Americans to do the right thing-after they’ve tried everything else.[40] Y Churchill sabía de lo que hablaba.

Post scriptum sobre el devenir del Derecho internacional en un contexto multipolar.

            Como indiqué anteriormente, creo que la falta de un hegemón y el advenimiento de la multipolaridad produce un ambiente menos conducente al desarrollo de la institucionalidad internacional multilateral –promoviéndose la bilateral y regional— y del Derecho internacional, que se verá bombardeado por las particularidades regionales que le nieguen su universalidad. Esta afirmación debe tomarse de manera relativa, es decir, no habrá la posibilidad de desarrollo que habría bajo un régimen internacional hegemónico. No tengo duda que el mundo se continuará moviendo hacia la creación de instituciones que vayan forjando derecho internacional por tratados o por costumbre, y que los países desarrollados seguirán introduciendo y observando los principios y las normas del derecho internacional en sus propias estructuras legales.

La fuerza detrás de este continuado movimiento no es las agendas políticas o doctrinas jurídicas, sino la realidad de la globalización en sus variadas vertientes. Hoy por hoy, la globalización es un fenómeno impulsado, más que nada, por los deseos, las decisiones y las acciones de los individuos que disfrutan de sus beneficios. Por eso, la inclusión de los individuos como sujetos de derecho internacional me parece el paso definitivo para lograr que no se detenga la consolidación e imperio mundial del derecho internacional. A menos que ocurra una hecatombe global, que no preveo, la globalización y el derecho internacional seguirán progresando ineludiblemente y los Estados Unidos de América, como balanceador, está más capacitado que ningún otro país para liderar ese progreso, otra razón por la que su preeminencia internacional debe prevalecer. Bien examinada la evidencia y afinada la teoría, el cielo no se está cayendo.


[1] Ian Bremmer, Every Nation for Itself: Winners and Losers in a G-Zero World (2012).

[2] Id. en la pág. 153.

[3] Id. en la pág. 166-70.

[4] Cuando se considera la posibilidad de que los Estados Unidos de América pueda perder la preeminencia mundial, surgen grandes diferencias en cuanto a las posibles consecuencias de dicho evento. Por un lado, hay quienes piensan que un mundo en el que Estados Unidos de América no sea el hegemón global pudiera representar para los americanos (y para los ciudadanos de otras naciones) una existencia más tranquila, feliz y hasta más abundante y cultivada, como calibran que ha ocurrido en países anteriormente hegemónicos. Por otro lado, las posibles expectativas alternas que muchas veces permanecen inarticuladas, detrás de la negativa a tan siquiera estar dispuestos a considerar la pérdida de la preeminencia estadounidense en el plano internacional, son de naturaleza de estricta seguridad nacional, a saber: (1) el temor a la indefensión ante el terrorismo que podría acabar con la seguridad de la patria y ayudar a constreñir, aún más, el clima de libertades internas y de bienestar económico; (2) la posibilidad de que surja entre los americanos un ánimo aislacionista que lleve a un mundo de ideologías y conflictos en el que, a la postre, tenga que volver a “salvar” a Europa, Asia o cualquier otra región del mundo a costa de millones de vidas americanas; o (3) en el peor de los casos, que sea incapaz de impedir que llegue a dominar el mundo un hegemón dirigido por un dictador al estilo de Hitler o Stalin, o un régimen totalitario al estilo Partido Comunista Chino, o un régimen islámico iraní que representaría el fin del derecho internacional, y más aún, de la civilización liberal.

[5] Véase Seymour Martin Lipset, The First New Nation.: The United States in Historical and Comparative Perspective (1963), sobre su planteamiento original del “excepcionalismo americano”, y también Seymour Martin Lipset, American Exceptionalism: A Double-Edged Sword (1997), para ver sus reflexiones posteriores. Sobre este tema, véase también Ronald W. Dworkin, The Rise of the Imperial Self.: America’s Culture Wars in Augustian Perspective (1996).

[6] Interesantemente, para China, el imperio más viejo sobre la faz de la Tierra al que todos los países le han rendido homenaje por los pasados cuatro mil años, el tener que ponerse al mismo nivel que un país creado hace solo 237 años pudiera parecer una humillación aún peor.

[7] El concepto de “G-Cero” que propone Bremmer en su libro puede concebirse como descendiente lejano del Leviatán de Hobbes (el poder de los monarcas por derecho divino) pero no es tan capaz como su predecesor para dominar o destruirlo todo. El G-Cero adolece más bien del síndrome de inseguridad perenne del político electivo: su mandato no se recibe del nacimiento y para siempre, sino que hay que volvérselo a ganar en cada ciclo.

[8] La Teoría de la Estabilidad Hegemónica (Hegemonic Stability Theory) plantea que en el sistema internacional se reduce la tendencia a que surjan conflictos y se aumenta la capacidad para la cooperación y el comercio entre todas las naciones cuando existe una potencia dominante, “el hegemón”, que “organiza” y mantiene en equilibrio el sistema global. Conversamente, plantea que la caída, la ausencia o la reticencia a actuar de un hegemón lleva a la inestabilidad del sistema, a la propensión a conflictos y guerras y a la reducción en la cooperación y el comercio. Véase Robert Gilpin, The Political Economy of International Relations (1987), y para una crítica del concepto, véase Helen Milner, International Political Economy: Beyond Hegemonic Stability, 110 Foreign Policy, Spring 1998, at 112. La teoría tiene una influencia clara del concepto anterior de “el balanceador”, de la teoría realista del Balance del Poder (Balance of Power Theory) de Hans Mortgenthau. Véase Hans Mortgenthau, Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace (1948), la obra insigne de este autor.

[9] La Teoría de la Acción Colectiva tiene su expresión inicial en la obra de Mancur Olson, The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Choice (1956). El “problema de la acción colectiva” ocurre en situaciones en que un grupo de individuos o países se benefician de un cierto “bien colectivo”. Un bien colectivo es aquel que una vez se provee, no puede impedirse que todos en el grupo se beneficien del mismo. Por eso, parecería justo que todos pagaran su parte alícuota por el costo de proveerlo. Pero no habiendo una regla clara de cuál es la cuota de cada cual, en la práctica cada país busca minimizar sus pagos o, más exactamente, maximizar el neto de la utilidad del bienestar que recibe cuando resta la utilidad de la que se desprende al pagar por la provisión del bien. Los países pobres que difícilmente pueden pagar su parte por el bien colectivo están dispuestos a vivir sin el mismo. Pero para el país hegemónico será racional proveerlo, aunque tenga que pagar todo o una parte desproporcionada, del costo si el beneficio para sí del bien colectivo es bastante superior al costo. Así, por ejemplo, los beneficios de desarrollar el Internet eran tantos para Estados Unidos de América que lo costeó y permitió que los usaran todos los países sin que hubieran contribuido a su desarrollo.

[10] Id.

[11] Véase Bremmer, supra cita 1, en la pág. 7-35.

[12] Olson, supra cita 9.

[13] Véase Richard Cornes & Todd Sandler, The Theory of Externalities, Public Goods and Club Goods (1986), y Michael Laver, Political Solutions To The Collective Action Problem, 28 Political Studies 195 (1980.).

[14] Mark Twain, mutatis mutanda. Mutatis mutandis de una frase atribuida a Mark Twain: “Las noticias de mi muerte han sido grandemente exageradas”(traducción nuestra). A pesar de ser una frase famosa, es una cita errónea de la cita original: “[T]he report of my death was an exaggeration.” Véase Shelley Fisher Fishkin, Lighting Out for the Territory: Reflections on Mark Twain and American Culture 134 (1996).

[15] Las relaciones entre ambas potencias, sin embargo, siempre fueron tirantes, y en el 1962 la guerra se asomó tras un incidente entre China e India en la frontera de esta última, la cual Rusia apoyó. Al restablecerse las relaciones con los Estados Unidos de América en el 1972, China comenzó a actuar de manera independientemente de la URSS, triangulando el conflicto y beneficiando a los Estados Unidos de América. Este ocurrencia puso a la URSS en camino de perder su hegemonía en el campo de los regímenes comunistas.

[16] Véase We Will Bury You!, Time, Nov. 26, 1956, en la pág. 26 (énfasis suplido), donde se citó al líder Nikita Kruschev vociferando en conferencia de prensa el 18 de noviembre de 1956 en visita a la embajada polaca de Moscú:

“We are Bolsheviks!” he declared pugnaciously. ““We stick firmly to the Lenin precept—don’t be stubborn if you see you are wrong, but don’t give in if you are right”.” “When are you right?” interjected First Deputy Premier Mikoyan—and the crowd laughed. Nikita plunged on, turning to the Western diplomats. ““About the capitalist states, it doesn’t depend on you whether or not we exist. If you don’t like us. don’t accept our invitations, and don’t invite us to come to see you. Whether you like it or not. history is on our side. We will bury you!

Para ver este discurso, véase History Channel, Khruschev – We Will Bury You, YouTube (Abr. 18, 2013), , https://www.youtube.com/watch?v=Mm0yQg1hS_w.

[17] Véase Acuerdo Estableciendo la Comunidad de Estados Independientes, Bielorussia, la Federación Rusa y Ucrania, 8 de dic., 1991, 31 I.L.M. 138 (1992)?

[18] Ministry of Foreign Affairs, Islamic Republic of Iran, The Non-Aligned Movement: General Background http://namiran.org/background-general/ (last visited March 6, 2015).

[19] Véase Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado de Cuba, Discurso Inaugural en la Sesión Inaugural de la VI Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, (3 de septiembre de 1979).

[20] Varios miembros de la sociedad de Puerto Rico aluden, en sus comentarios relacionados al estatus político de isla, al concepto de la “última colonia” del mundo. Véase Laura Zamora, Independentistas ante la visita de Obama: “Puerto Rico es la última colonia del mundo”, TERRA (10 de junio de 2011), ://www.terra.com/mujer/noticias/independentista_ante_visita_de_obama_puerto_rico_es_la_ultima_colonia_/act2885984; Filiberto Ojeda Ríos, La última colonia del Planeta Tierra, MIHN PUERTORICO,ORG (26 de abril de 2014), http://minhpuertorico.org/index.php?option=com_content&view=article&id=2621:filiberto-ojeda-rios&catid=55:noticias&Itemid=80.

[21]La respetada revista británica, The Economist, define Stagflation de la siguiente manera: Term coined in the 1970s for the twin economic problems of stagnation and rising inflation.” (énfasis suplido). Véase Matthew Bishop, Essential Economics (2004), disponible en The Economist, http://www.economist.com/economics-a-to-z/s#node-21529355.

[22] Jared Diamond, Three Reasons Japan’s Economic Pain Is Getting Worse, Bloomberg View (April 25th, 2012), http://www.bloomberg.com/news/2012-04-25/three-reasons-japan-s-economic-pain-is-getting-worse.html.

[23] Bremmer, supra cita1, en las págs. 19, 20, 129.

[24] Véase Jane Perlez & Martin Flacker, China Patrols Air Zone Over Disputed Islands, The New York Times (Nov. 28th, 2013).

[25] Véase EU austerity drive country by country, BBC (21 de mayo de 2012), http://www.bbc.com/news/10162176, para una discusión sobre los distintos bailouts programs.

[26] Véase Bremmer, supra cita 1, Cap. 5, “What Comes Next”, en las págs. 152, 167.

[27] Id. en las págs. 142-49.

[28] Id. en las págs. 52, 53, 59-63.

[29] Id. en la pág. 148 (énfasis suplido).

[30] Caminante no hay camino, Antonio Machado, Proverbios y Cantares (XXIX).

[31] Véase Steven J. Brams & D. Marc Kilgour, Game Theory and National Security (1988), para un análisis más detallado de estas teorías. La doctrina de MAD (Mutual Assured Destruction, Destrucción Mutua Asegurada) supuestamente logró evitar que ni Estados Unidos ni la Unión Soviética lanzaran un ataque con cohetes nucleares al otro durante la Guerra Fría. La terrible lógica subyacente era que cada uno tenía suficientes cohetes y bombas para poder lanzar un ataque de desquite después de recibir el primer ataque, y así también en una segunda y tercera vuelta. Por eso, cualquier ataque inicial aseguraba la destrucción de ambos. La doctrina se representa matemáticamente mediante el Dilema de los Prisioneros en la Teoría de los Juegos, sobre lo cual se ha escrito cientos de volúmenes.

[32] VVnes Grant Smith, U.S. Seen as Biggest Oil Producer After Overtaking Saudi Arabia, Bloomberg (4 de julio de 2014), http://www.bloomberg.com/news/articles/2014-07-04/u-s-seen-as-biggest-oil-producer-after-overtaking-saudi

[33] Id.

[34] El basurero de la historia es el lugar metafísico al que van a parar personas, movimientos e ideologías, cuando son derrotados, marginados y olvidados. León Trotsky hace famosa la expresión al proclamar que allí irían a parar los mencheviques al permitirle a los bolcheviques dominar el Partido Comunista Ruso en 1917. Desde entonces se usa el término de manera irónica o jocosa en contextos políticos y no políticos para predecir el fin de la prominencia de una persona, movimiento o ideologías.

[35] Véase Henry Kissinger, Does America Need a Foreign Policy? (2001) & On China (2011), para una discusión de las posturas de la corriente realista. Es interesante la mezcla de influencias teóricas en las posiciones eclécticas de Bremmer. Su discurso, en general está basado en concepciones neoliberales de las relaciones internacionales; por eso la multiplicidad de variables que analiza en los primero capítulos del libro. Sin embargo, sus predicciones al final del libro, están más bien basadas (como veremos más adelante) en los postulados del análisis realista y neorealista. Esta inconsistencia metodológica y teórica causa confusión. Por tal razón , es otra de las fuentes de ansiedad inmanente en la obra.

[36] Disculpen el uso de este disparate conceptual copiado de otros autores. Note que pudieron, a lo mejor, llamar esa época de la isotopidad, pero como los isótopos son radicales libres, prefirieron el término unipolaridad para referirse a la época de la hegemonía americana porque esta frase parece triunfalista y arrogante.

[37] El término balanza de poder del Realismo Clásico de Morgenthau y su escuela ha sido sujeto a críticas históricas, metodológicas y teóricas, que lo han llevado a que esté virtualmente eliminado de la literatura actual de las relaciones internacionales. Sin embargo, entiendo que atendidas esas críticas, el neorrealismo ha logrado rescatar la esencia del término, convirtiéndolo en la dominación dentro de una situación compleja de interacción estratégica. Al pasar de la época multipolar cambian igualmente los modelos de la Teoría de los Juegos para estudiar la interacción internacional: Será necesario dejar atrás los de la Acción Colectiva à la Olson, supra en la nota 9, o los de atolladeros en estados sub-óptimos o crisis total de la Guerra Fría, como en Prisoner’s Dilemma y Chicken, y pasar a los de formación de coaliciones à la Rikers o Downs, y los de las interacciones asimétricas de los modelos asimétricos 2×2 o de mayores dimensiones.

[38] Piense en el balanceador como un jugador poderoso y especial en el sistema multipolar que es capaz de impedir que el sistema se salga de balance, i.e., entre en guerra o llegue a estar dominado por un solo estado, manteniendo la paz, e indirectamente, su dominio sobre el sistema. Véase Waltz, K. N., Theory of International Politics (1979), para un análisis de estas teorías políticas.

[39] Visto en el contexto histórico más amplio, el multipolarismo se nos presenta como la forma de organización internacional más ajustada desde la formación de las naciones en Europa. Las épocas de hegemonía y de bipolaridad pudieran verse como corrupciones temporeras del mundo inherentemente multipolar.

[40] Miscellaneous Wit & Wisdom, The National Churchill Museum Organization, http://www.nationalchurchillmuseum.org/wit-wisdom-quotes.htmlhttp://www.nationalchurchillmuseum.org/wit-wisdom-quotes.html.

 

Foto: Agência Brasil/Roberto Stuckert Filho

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