¿Cada País a Valerse por sí Mismo?

                                                                              Diego Corral González

Un compañero de clase dijo una vez algo por el estilo de que el derecho público internacional de verdad no se podría hacer sentir sin una estructura centralizadora que pudiera hacer cumplir las determinaciones de las cortes internacionales. Esta visión presume que habrá una continuación de la estructura de grandes países con grandes intereses decidiendo cuándo se van a seguir las reglas del derecho internacional según les convenga. ¿Pero y si la evolución política y económica del mundo, y por ende del derecho internacional, fuese a seguir otra tendencia? ¿Y si en vez, la tendencia centralizadora de las grandes potencias fuese a ceder ante más ejemplos de descentralización y regionalización, tal y como se lleva viendo en Europa las últimas décadas y cuyos reclamos se sienten en estos momento? Claro está que esta descentralización solo se podría dar en un plazo muy largo ya que requeriría un desarrollo económico y especializado para cada región. Sin embargo, lo esencial para la presente discusión es que en un régimen internacional así constituido el derecho internacional cobraría una importancia tremenda, muy superior a la presente, dirigida a asegurar la coexistencia y supervivencia internacional.

Con la caída del telón de acero el mundo pasó de un sistema bipolar en el ámbito de las relaciones internacionales–con los Estados Unidos (EE.UU.), por un lado, y la Unión Soviética, por el otro–a uno unilateral donde de pronto los EE.UU. se encontró con que no había un poder internacional lo bastante fuerte para hacerle frente. Durante esos años de dominio estadounidense, el país se vio involucrado en una serie de acciones policiales en el ámbito militar con intervenciones en el Golfo Pérsico, Somalia, la antigua Yugoslavia, Afganistán e Irak, las cuales terminaron por drenar no solo la economía estadounidense sino también el deseo de continuar siendo el supremo poder interventor en el ámbito internacional. La extralimitación de los EE.UU. en el ámbito internacional ha creado una retracción de sus compromisos mientras busca pasar la responsabilidad a otros. Por eso vemos la presencia de países como Kenia y Uganda en misiones pacificadoras en Somalia, cuando 20 años atrás eso hubiera sido impensable. Como dice el dicho, a los EE.UU. “se le han crecido los enanos”. Esto lo ha hecho de forma deliberada en unos sitios, pero en otros su retirada ha dado paso a que otros países se aprovechen de la ausencia del poder estadounidense para usurpar ese rol en función de desafío.

Ahora bien, actualmente la proliferación de países que están dispuestos a asumir un rol más activo en el mundo de la política internacional se está viendo en áreas donde el desarrollo económico está creciendo. No necesariamente son áreas de gran industrialización, sino  áreas donde ciertos países han podido desarrollarse a un nivel más alto relativo a sus vecinos, lo que a su vez les permite  ejercer el rol de poder regional. En los países más desarrollados, pues, se está viendo un proceso opuesto de lo que lleva ocurriendo en áreas como África oriental. “Escocia y Gales en el Reino Unido, el País Vasco y Cataluña en España, Columbia Británica en Canadá, Australia Occidental y básicamente todos los estados de India—son áreas buscando el mayor grado posible de autonomía fiscal y política de sus respectivos gobiernos”.[1] Mientras que por un lado vemos países tratando de consolidarse como entes internacionales, por el otro estamos viendo regiones que están tratando de romper con sus respectivos gobiernos centrales y entrar de lleno ellos mismos en la escena internacional.

¿Por qué es que estas regiones piden una distancia más amplia del poder central y mayor autonomía? Las razones son variadas. En algunos casos predominan cuestiones culturales, como se pudo ver en el conflicto belga entre los flamencos y los valones en el que el país estuvo sin gobierno por unos 541 días, eclipsando así el record anterior establecido por Irak. No obstante,  el hilo conductor entre todas estas regiones más bien es la motivación económica. Y es que el verdadero poder internacional hoy en día no se mide por rifles, bombas y soldados, sino que se mide por la economía del país. En ese sentido, estas regiones con ambiciones de autonomía y hasta de independencia, se ven en una situación donde por lo general tienen un desarrollo y una fuerza económica más alta que las otras regiones del mismo país. Por lo tanto, estas regiones  llegan a entender que su continuada pertenencia a la institución nacional es más bien un lastre para ellos y por consiguiente buscan romper sus lazos históricos para así asegurar su supervivencia como ente internacional.

Ahora, si esto fuese a seguir evolucionando del mismo modo se podría predecir que en un futuro no tan lejos el mundo sería infinitamente diferente al que hoy conocemos. Más específicamente, podría darse un panorama internacional donde los países históricos den paso a entidades regionales más pequeñas y especializadas económicamente. Es como si volviésemos hacía atrás en el tiempo a la época del Sacro Imperio Romano. De ocurrir así, esto tendría consecuencias importantes en el ámbito del derecho público internacional. En un mundo como el descrito–parecido a la Europa a la que parecemos dirigirnos–la política internacional estaría obligada a ir a base de la diplomacia a la vez que el uso de fuerza iría decayendo. Esto como resultado a que cada región dependería en mayor medida de las demás regiones al no poder recurrir a un gobierno central que provea los recursos necesarios. Si tomamos el caso de Cataluña como ejemplo podríamos decir que necesitaría de los productos agrícolas de Andalucía, mientras que Andalucía dependería de la manufactura catalana. En este mundo, si surgiesen disputas a niveles internacionales, nos encontraríamos ante una situación donde habría que recurrir al derecho internacional por obligación, ya que estos entes regionales carecerían la capacidad necesaria para implementar una solución por la fuerza. Asimismo, las decisiones de los tribunales internacionales tendrían más fuerza vinculante porque el no atenerse a un fallo o decisión implicaría consecuencias más drásticas. Por drástico no me refiero a intervenciones militares, sino más bien a que en ese contexto el derecho internacional sería el medio más eficaz para que estos países regionales hagan valer sus derechos. Claro está, este proceso no seguiría el mismo paso o se alcanzaría el mismo grado en todas partes del mundo. En primer lugar, muchos continentes todavía tendrían que pasar por un desarrollo económico sustancial para llegar al punto donde habría regiones nacionales mucho más desarrolladas relativas a sus vecinos, y por ende, con la capacidad de existir como entidades independientes. Pero aun aceptando estas diferenciaciones, es posible imaginarse una tendencia general en esta dirección trazada.

La verdad es que la situación global en estos momentos es una sobradamente complicada en la cual nos vemos sin un verdadero líder mundial que quiera tomar las riendas para tratar de resolver los problemas económicos y políticos que están surgiendo en el ámbito internacional. EE.UU. se echa para atrás mientras Rusia y China ejercen más relevancia sin a la vez querer asumir por completo el rol de los EE.UU. como policía internacional, por no querer comprometerse en demasiados sitios a la misma vez y extralimitarse económicamente. Al mismo tiempo las incertidumbres económicas en Europa están dando paso a movimientos regionalistas que reclaman una mayor autonomía, política y fiscal, al considerar que su continua presencia dentro del marco nacional es un lastre para su desarrollo económico y social. Esta situación debería, en teoría, dar paso a que el derecho público internacional cobre más vigencia y fuerza en un mundo donde cada vez más la cooperación se convierte más y más importante aunque las potencias tradicionales todavía se vean por encima de esta figura internacional. Esperemos que se puedan dar cuenta de esto antes de que las consecuencias globales sean demasiado drásticas.

[1] “Scotland and Wales in Britain, the Basque Country and Catalonia in Spain, British Columbia in Canada, Western Australia and just about every Indian state — all are places seeking maximum fiscal and policy autonomy from their national capitals,” (traducción mía) en Parag Khanna, The End of the Nation-State, New York Times (12 de octubre de 2013), http://www.nytimes.com/2013/10/13/opinion/sunday/the-end-of-the-nation-state.html (última visita 8 de abril de 2014).

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s