¿CÓMO QUE NO?

Por: Roberto P. Aponte Toro

En una reciente columna del profesor Ramón Castrodad (Eso no es culpa del ELA), este señala que el problema económico que vivimos es uno causado por razones ajenas al status. El amigo Castrodad lo adjudica a que “no sabemos gobernarnos y hacer uso adecuado de nuestra autonomía fiscal”. De acuerdo a su columna, a él se le erizan los pelos de la piel cuando escucha referencias al status al hablar de este problema. Al escucharle, me parece que, a estas alturas, es su ingenuidad la que a mí me pone los pelos de punta. Veamos.

Podemos convenir en que aquí ha habido malos gobiernos. No hay duda de esto. Ahora bien, el endeudamiento no se acumula solo por capricho, y la mala gobernanza no se debe exclusivamente a los que han gobernado. La realidad es que hace ya algunas décadas, el crecimiento económico en el país, que coincidió con el establecimiento del estado benefactor, el fin de la guerra y en su tiempo con el bautizo del ELA, se fue deteniendo. Logramos evadir esa realidad buscando agujeros (petroquímicas, acabadas luego de un plumazo por Nixon; farmacéuticas, por un Congreso en busca de fondos escondidos). Aun así, ya no crecíamos tanto entonces, pero el país se había acostumbrado a un ritmo de gasto y consumo característico de países desarrollados. Esa realidad llevó a los políticos que llegaron al poder a tomar prestado cuatrienio tras cuatrienio, porque ninguno se atrevía traerle la mala nueva al país: estábamos desnudos. Todos querían pasar con fichas, manteniendo al país en el mismo nivel de dispendio. ¿Por qué piensa usted que actuaron así? Primero, porque en los políticos ese es un pensamiento racional. Poco les importa la moralidad de lo que dicen. Siguiendo a Maquiavelo, su norte es el poder. Segundo, porque saben muy poco de economía. No estoy diciendo que no son inteligentes. Mi argumento es que la última es una ciencia que no todos comprenden. Si no la comprenden, pueden caer en manos de consejeros que sabiendo su falta de conocimiento, aun con menor inteligencia que ellos, los manipulen hacia políticas que benefician a sus otros clientes. Si esto se combina con el ego de esos gobernantes, la mezcla es desastrosa. Ejemplo: “Voy a acabar con la pobreza tirándole cunetas” – Sila; y “voy a modernizar al país de cantazo” – Rosselló.

La verdad, sin embargo, es mucho más compleja. Hoy existen asuntos en nuestra vida de pueblo que ya no se resuelven con las mitológicas cuatro comunidades que llevaban a los grandes triunfos del ELA hace unas décadas. ¿Cuáles son esos? El primero y más importante me parece que ha sido la desvalorización del Mercado Común, que se planteaba como monopolio nuestro de acceso al mercado de EE.UU. En nuestra región nadie nos superaba. Luego de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe de Ronald Reagan (1983), y el Acuerdo del Tratado de Libre Comercio (TLC) del 1994, nuestros competidores regionales comenzaron a disfrutar casi del mismo beneficio que nosotros. Inmediatamente, la Ronda de Uruguay abrió los mercados de servicios y compras gubernamentales a todos los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (WTO, por sus siglas en inglés). El resultado fue la pérdida relativa de nuestra capacidad de asegurar al inversor ventajas competitivas para la exportación. Estemos claros, de poco nos sirve la llamada Autonomía Fiscal si el país no produce riqueza para que el inversionista pueda reclamar exenciones de impuestos. Más aún, si para algo nos sirve la crisis de hoy es para reventarnos a impuestos a los ciudadanos no corporativos.

La segunda pretendida Comunidad, igual de importante, era la Defensa Común. La tecnología ha llevado a hacer desaparecer esta. Bajo esa frase, servíamos de centro de espionaje para proteger el Canal de Panamá, vigilar a Cuba, invadir a Santo Domingo, intervenir en Colombia, etc. Con los cambios tecnológicos presentes, y los que aparentemente nos vienen de frente, eso hoy resulta innecesario para Estados Unidos. En las próximas décadas, el paso marítimo no parece que se hará por América Central (Panamá, Cuba, Santo Domingo o nosotros) sino por el Ártico, en la medida que se deshiela este. En adición a la presión política que se generó en los años 90, esta última fue posiblemente una de las razones para que se fueran las bases de Puerto Rico. Estas habían resultado las mayores defensoras en el Congreso de las corporaciones 936, lo que en un momento pareció una alianza eterna.

Preguntémonos todos seriamente, ¿para qué nos ha servido la Defensa militar norteamericana a nosotros? Según Ronald Reagan nuestra mayor guerra declarada era contra las drogas. ¿Cuánta droga incautó el Navy todos esos años en Vieques? ¿Cuántos pejes gordos detuvo? Para hablar honestamente, soy de los que piensa, que como lo sucedido en otros lugares, la droga la ha protegido en Puerto Rico la inteligencia norteamericana. Mientras funcionarios federales muy serios en el Departamento de Justicia Federal y en los tribunales federales se rompen el alma tratando de echar adentro traficantes menores, a los grandes mogoles los protege alguien. Es mi impresión personal, que el ELA de los últimos 30 años ha servido para proveerle en economía informal a alguna agencia federal, dinero que no han tenido que llevar a presupuestar al Congreso (fuera de los libros oficiales). Luego de miles de millones de dólares en intentos de interdicción de la droga en Puerto Rico, al día de hoy ni siquiera sabemos claramente de dónde y cuál es el cartel que nos administra.

La tercera es la Ciudadanía Común. Esta se ha caído por su propio peso. Por un lado, en el pasado esta representaba la posibilidad de que nuestros pobres podían ser enviados al gran mercado norteamericano sin problemas. Hoy parece ser que sirve para llevar muchos de los pobres, pero también muchos de los mejor preparados y en los que más hemos invertido. En segundo lugar, la apertura mundial de mercados, traída particularmente por el establecimiento en el 1994 de la Organización Mundial de Comercio, ha terminado por permitir un incremento en la llegada de extranjeros a los grandes mercados internacionales a trabajar, por menos dinero que los locales, en productos para exportación. Por eso se está considerando hoy a nivel federal la ley de amnistía de indocumentados.  Esta, se arguye, que se contempla para cerrar la puerta finalmente a los indocumentados. En efecto, recientemente se ha reducido el tránsito de estos a los EE.UU. Yo pienso que esto último es otra ilusión tan engañosa como la llamada Defensa Común. Nuestra Defensa Común nos ha dejado miles de muertos, impedidos y victimas de síndromes productos de la guerra. Millones de dólares en costos escondidos para el país que se reflejan día a día en sueños interrumpidos, violencia familiar postraumática, crímenes, y dependencia. El ejército de las últimas décadas es casi un retrato de un puertorriqueño. Para las minorías es en realidad poco voluntario. Nuestro desempleo y las pocas oportunidades de ascenso social abiertas en otras vías, lleva al ingreso a este de grandes números de nuestros jóvenes.

La última es la Moneda Común. Esta continúa siendo importante, aunque no tan determinante como antes. Otras monedas comienzan a competir con ella (el Euro por ejemplo) y en el futuro la moneda China, que por las grandes reservas de dólares norteamericanos de aquel país, podría poner esta en peligro. De otro lado, muchos de los países de más crecimiento hoy día no usan el dólar como moneda, y juegan, como lo han hecho recientemente, con devaluaciones de su moneda para protegerse de las fluctuaciones voluntarias e involuntarias de este. Más aún, hoy día se habla cada vez más de los “bitcoins”, una nueva moneda internacional electrónica.

Solo un ejemplo, para que veamos que quiero decir cuando hablo de cómo el ELA se ha secado. Después de la aprobación del TLC con México, donde los puertorriqueños tuvimos poco que decir, capital mexicano entró aquí con la Telefónica, con Cementos Mexicanos, recientemente con el aeropuerto, y con estaciones mexicanas de radio y televisión. No veo esto como algo negativo. Ahora bien, ¿dónde está el esfuerzo similar de empresarios producidos por el ELA en tierra mexicana? Muchos años previo al ELA teníamos allí, al menos al propietario de Sal de Picot.

Amigo Castrodad, tiene razón usted en que un cambio de status por sí solo no nos resuelve el problema. Pero por otro lado, ¿cómo es posible que sigamos negando lo evidente, cuando aún África, el fondo del saco hasta hace solo unos años, crece hoy bastante dramáticamente, mucho más que nosotros, utilizando capital chino y europeo?

Termino con un mea culpa. Hace alrededor de dos décadas, un economista puertorriqueño, Eliezer Curet Cuevas, nos advirtió hacia dónde caminábamos. Este había trabajado un tiempo con Pedro Rosselló y en la legislatura con la Lcda. Zaida Hernández. En aquel momento en un libro suyo planteó un panorama futuro muy cercano a lo que vemos hoy. Yo estuve en un programa de televisión donde fue invitado y lo confronté. No me simpatizaba que se hubiese ido a trabajar unos años ganándose su dinerito, y cuando se quedó sin trabajo, viniese a denunciar a los que lo emplearon. Hoy veo que, independientemente de sus razones, aquel hombre fue un visionario. Lo acompañaba entonces Elías Gutiérrez, un economista puertorriqueño muy inteligente, a quien a los partidos políticos nuestros no le gusta escuchar mucho. En el futuro a Puerto Rico le esperaba Sila,  Anibal (quien cometió el error de bajar el tono del endeudamiento de Sila) y Fortuño, quien intentó hacer lo que era necesario, pero tratando de evadir recibir el golpe político, lo que al final resultó inevitable. El presente, por el momento, se lo dejo al lector. Personalmente, por las razones expresadas y otras, espero muy poco de él. A menos que el americano, $70,000,000,000 de dólares después, se haya convencido, de que ¡ESTO TIENE QUE CAMBIAR!

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