Décadas de fracaso

Por: Dr. Roberto P. Aponte Toro

Mi generación estuvo prácticamente emasculada por dos asuntos que nos llegaron desde afuera del país, y que no nos permitieron adelantar nuestra sociedad a la velocidad que hubiésemos preferido. Uno de ellos lo fue el bipolarismo y la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, por más de cuatro décadas. Nuestro acceso a la mitad del mundo nos estuvo bloqueado durante esos años. El segundo, fue el vasallaje de la droga sobre nuestra juventud de entonces. Nací en el año 1947, casi al inicio del primero. Este persistió por lo menos hasta el 1989 y aún continúa mostrando sus retazos. La droga nos sorprendió en los 60, y nos ha mantenido presos desde entonces.

Por años he observado intentos de muchas administraciones gubernamentales y funcionarios en enfrentarse al problema. Hoy día se apuesta en el país a lo que unos llaman la “federalización” del mismo como su solución.  Observamos a funcionarios federales caminar a Fortaleza prácticamente señalando que ¡“Ahora sí”! Quiero, con mucho respeto a las personas envueltas, advertir sobre ello. Al margen de cualquier consideración política de lo que ello significa, al menos para mí, me parece un contrasentido  seguir poniendo más peso en el lomo del camello federal. Mientras más jurisdicción depositemos en su silla más llevaremos el mismo a convertirse en una jurisdicción muy similar a la estatal, lo que terminará convirtiéndola en una más ineficiente. En gran medida, la ventaja que disfruta esa jurisdicción está en el hecho de que es limitada. Con el aprecio personal que pueda tener a varios  de estos funcionarios, y conociendo de su genuino interés en contribuir a resolver el problema, ellos son seres humanos con límites como todos nosotros; aunque ciertamente con más recursos y menos casos. Advierto a los federales que sean juiciosos en cualquier intento de cambiar esa fórmula.

Lo que es más grave aún, el asunto de una mayor participación de “los federales” en estas áreas no es tan simple como parece a primera vista. La primera interrogante que nos surge resulta fundamental. ¿De cuáles federales hablamos? Como muchas otras cosas,  el gobierno federal no corresponde a una sola institución. Es menos homogéneo de lo que pensamos. Se trata de decenas de agencias, y no estoy seguro que todas conocen lo que hace la otra. Voy a traer un ejemplo muy reciente. En semanas pasadas aparece información en la prensa de Estados Unidos e internacional del famoso caso Camarena. Este señor era un agente norteamericano de la Administración dedicada a la  Persecución del negocio de la Droga ilegal, que en los años 80 fue asesinado en México. En respuesta a su asesinato, que se adjudicó entonces al narcotráfico, la agencia inició una operación dentro de México, raptando a un médico que supuestamente había participado en la tortura de Camarena para obtener de esta información. El caso fue célebre y llegó al Supremo norteamericano. Allí, no se encontró ilegalidad en esa acción, a pesar de que había un tratado de extradición que no fue utilizado por los Estados Unidos. Finalmente, al médico no se le probaron los cargos en los tribunales de instancia. Luego de su regreso a México, el médico, de apellido Álvarez Machain, demandó al gobierno norteamericano. El Supremo también denegó tener jurisdicción para su acción.  Pero, ¿qué ha comenzado a salir públicamente 20 años más tarde?

Funcionarios federales indican ahora, que este hombre fue asesinado por la CIA; ya que mientras hacia su trabajo descubrió que empresarios mexicanos de los carteles de la droga estaban siendo protegidos por la CIA. La explicación para ello, era que esta agencia utilizaba parte de las ganancias de este empresario para redirigirlas a los llamados “Contras” en Nicaragua. O sea, que un funcionario de una agencia federal tortura y mata a otro de otra agencia federal, para así proteger la mafia de la droga, entendiendo que al así hacerlo protege el interés norteamericano. Conozco muy bien la frustración de muchos funcionarios federales en el país (entre ellos jueces) en su lucha día a día contra la droga. Conozco mi propia frustración ante la destrucción de nuestro país. Pero caminemos con ojos bien abiertos. El mundo hoy es más complejo de lo que parece en la superficie.  Siempre me he preguntado porque nunca he visto a un verdadero  “peje gordo” de la droga caer. Si he visto “sargentos” y tal vez hasta “tenientes”.

La primera pregunta para resolver el problema es quién realmente está detrás de estos individuos. Es además imprescindible preguntarse, si como en aquel caso, hay aquí también una agencia que les protege. Dinero es dinero. Lo mismo sirve el de México o el de Irán, como también sabemos ahora que fue utilizado en el caso de los “Contras”, que el dinero fue obtenido en nuestras calles. Creo que es esta una pregunta previa, a la de qué van a hacer las agencias de seguridad, sean puertorriqueñas o federales. Hemos confiado demasiado en el pasado en la promesa de que alguien hará algo. Por alguna razón, que quisiera entender, siempre hemos fracasado. Mi primera pregunta es por qué ha sido así.  Las siguientes preguntas que nos  debemos  hacer hoy, son sencillas ¿Realmente estamos caminando todos en la misma dirección? ¿Ninguna de las agencias, locales o federales tiene algo que esconder? Descubrir esto es el primer reto ante el país de todo el que lo intente.

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